Calidez, cualidad que bien podría definir a Oaxaca y a su gente, un calificativo que engloba en sí sus coloridas y vivas tradiciones, la hospitalidad de sus habitantes y la belleza de sus construcciones.
Primer lunes del cerro de 2013
Al entrar en la ciudad de inmediato se percibe movimiento: en las principales avenidas la gente va de aquí a allá sin un rumbo fijo, las sonrisas se asoman en cualquier rincón donde poso la mirada, coloridos adornos embellecen las calles… ambiente de fiesta.
Las vías principales lucen adornadas, en cualquier anuncio espectacular se distinguen los vivos colores típicos del estado; en las banquetas gente sonriente camina irradiando energía, algo me dice que se dirigen al mismo lugar: el epicentro turístico…
La traviesa brisa parece jugar con los cientos de papeles multicolores que tiñen el ambiente y, al mismo tiempo, disminuye el bochorno ocasionado por el sol y la multitud. La gente deambula de aquí a allá luciendo orgullosamente sombreros de paja, prendas de manta, telas bordadas y llamativos accesorios. Ante mis ojos está el auditorio Guelaguetza. La estructura del nuevo techado le da un toque de vanguardia.
A lo lejos se distinguen los acordes de música tradicional de alguna región, al parecer del Itsmo, que le pone un sabor especial al ambiente, un toque de folklore y colorido.
Me pierdo un poco del entorno para concentrarme en un huipil que viste una señora frente a mí. Los colores verde, naranja y azul sobresalen del blanco fondo de la tela de manta,logro distinguir un león bordado en tonos azules, lo que parece ser un quetzal se asoma por los hilos naranjas y un cocodrilo aparece por la parte del cuello en tonalidades verdosas… un llamativo arreglo.
En la explanada del auditorio Guelaguetza algunas personas saludaban y dedicaban poesías ancestrales al público que, sin el menor recato, aplaudía cada una de esas líneas y versos con entusiasmo. Un ambiente animado.
Al poco tiempo, las delegaciones regionales comienzan a desfilar ante nosotros: La Cañada y Valles Centrales son seguidas por la Sierra Norte y poquito después, la Sierra Sur aparece en escena. Las canciones típicas llenan el ambiente fundiendo las voces de los asistentes.
Los danzantes mueven sus pies, sus cuerpos y sus almas al son de las chilenas, los sones, la sandunga o el fandango. Entre listones, coloridos tocados y llamativos bordados las danzas continúan, desde las picantes declamaciones de las itsmeñas, pasando por la enjundia de las costeñas hasta llegar a la típica flor de piña, todo es celebración.
Al final, un acto que expresa el real sentido de comunidad que da origen a la Guelaguetza tiene lugar: en el centro de la explanada, los representantes de cada una de las regiones salieron y, tras una especie de saludo, se abrazaron entre ellos.
La feria del Mezcal
Ahora estamos en un lugar diferente al anterior: un viejo parquecillo donde, normalmente, la gente sale a pasear o leer un buen libro y que en estos días, se viste de colores para recibir a cientos de turistas buscando probar un buen mezcal: El Llano.
En el centro de “El Llano” hay una tarima donde un grupo de baile amateur interpreta algunas coreografías de valles centrales amenizando el tour que los asistentes realizan por los stands que ofrecen muestras gratis de mezcal ¡Una gran aventura de sabor pasando por los mezcales de capuccino, maracuyá, coco, nuez, chocolate, uno que otro híbrido.
De repente un viento frio y violento golpeó con fuerza las lonas de los locales e, inmediatamente, la lluvia apareció, muy de vez en cuando se ve pasar a uno que otro valiente que se anima a correr bajo semejante aguacero. Quizá tengan algo importante que hacer, Cuestión de prioridades.
Texto y Fotos: José Marlon Andrade Montalvo
Portada: atravelinfos.com
Edición: Arturo Cruz Herrera









