Barrio de Ovando

Los viejos tiempo, las sonrisas e imágenes del pasado que parecieran que nunca desaparecerán, a veces son consumidas por un instante de cotidianidad. Los grandes lugares del pasado quedan relegados ante el vertiginoso ritmo de vida que moderniza lo que se ve viejo, entierra lo que va quedando fuera de tendencia y a veces, sólo a veces, queda únicamente una ligera memoria de lo que antes existió y ahora no. Calles, barrios, personas; nadie escapa de esta máxima. Hoy, desde e-culturismo, te presentamos uno de estos casos ¿Has escuchado hablar sobre el Barrio de Ovando de Puebla? Ven, nosotros te platicamos un poco de él…

Puebla de los Angeles, Centro Historico.

El barrio de Ovando, que prácticamente comenzaba desde el cruce de la 4 Sur con la 3 Oriente y rodeado por barrios como el de la luz, de los sapos, Analco y, hasta el rastro, es uno de los tantos cercanos al centro de la ciudad que han desaparecido con el paso del tiempo. Desde su pasado como un colorido y armonioso lugar, hasta su presente como un fantasma del pasado, encierra tantas historias como su tradición añeja lo merece.

El viejo paisaje

En sus tiempos de esplendor era común ver la esquina de la 4 Sur con 3 Oriente como punto de reunión de los niños del barrio: ávidos y sonrientes, como si los problemas no existieran para ellos. Más adentro, a partir del callejón del sapo, se encontraba el corazón del barrio: La calle de Ovando; totalmente empedrada, custodiada por imponentes casas coloniales y  engalanada por banquetas de laja.

Así mismo, viejas vecindades, casonas y antiguas fotografías hacen recordar los tiempos en los que, con sus mejores galas, las familias salían a recorrer el centro de la Angelópolis, aquellos en los que los saludos galantes, los sombreros de copa y los vestidos almidonados no causaban extrañeza y eran símbolo de distinción entre los pobladores.

A pesar de no ser un barrio con divisiones fuertes en cuanto a su población, la gente de mayor poder adquisitivo de encontraba pasando lo que actualmente se conoce como la 8 sur. Punto y aparte era la palomilla que vivía de improvisar aviones con globos y de hacer bromas al indigente que dormía bajo el puente de Ovando: El “come ratas”.

Como resume León Felipe Fernández Ortega “Las costumbres de los barrios de Puebla eran sanas. No existían las drogas o, al menos, nadie las notaba, ni les hacían falta. Si había diferencias, todo se arreglaba a puño limpio y resurgía la amistad y respeto a diferencia de hoy.”

“Este era un barrio de verdad, ahora desaparecido por el crecimiento y la modernidad urbana, entubaron y taparon el río sobre él. Ahora un boulevard, la huerta y la casona que iban a ser baños públicos los demolieron y ahora son sólo áreas verdes; sólo respetaron el puente de Ovando. De las casonas aun existentes, se han transformado en bazares y fábricas de muebles o restaurantes y bares. Sólo nos queda el recuerdo de este antiguo barrio.”

Por Marlon Andrade Montalvo

Información: León Felipe Fernández Ortega para “Río, barrios de Angélica” Semanario de cultura y arte de Intolerancia.

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