Ubicada en el barrio de Xonaca, esta fuente es artífice de una más de las leyendas urbanas en Puebla. A pesar de lo colorida que esta es, encierra una historia triste y fúnebre en sus descuidados trazos y su oscuro pasado como un pozo de utilidad comunitaria.
Se dice que hace mucho tiempo, dos hermanos pequeños, una niña y un niño de 6 y 7 años respectivamente, salieron a la escuela en un día lluvioso como solían hacerlo rutinariamente, sin embargo, esa tarde al caer el sol ellos no habían vuelto a casa, por lo que sus padres y vecinos buscaron por todos lados y, al no hallarlos, dieron por opción que los infantes pudieron haber caído al pozo, sin embargo, sus cuerpos nunca aparecieron.
Así pues, y en memoria de estos niños, el entonces gobernador y propietario de ese terreno, mandó a edificar una fuente en honor a su memoria. No obstante, las personas que viven en la zona aseguran que por las noches se escuchan risas de dos niños pequeños jugando e, incluso, han visto desaparecer las estatuillas para después verlas aparecer con rastros de lodo y un desgaste inusual para una sola noche.
¿Será que las estatuas tienen vida propia y continúan con lo que pudo ser una infancia trágicamente truncada? Nadie lo sabe y, a ciencia cierta, es difícil de precisar, lo que sí es seguro es que este hecho atrae siempre a turistas y a gente curiosa deseosa de saber que pasó ahí y conocer así una parte más de Puebla y sus leyendas urbanas.

