
Cementerios, Lugares destinados por decisión popular para la transición a una vida diferente a la que vemos día a día, contemplar la eternidad la bajo la mirada de un tecolote y ser adorador secreto de la luna que vigila y guarda sus secretos.Rondados por espíritus, almas en pena y uno que otro vivo que se pareciera querer anticiparse al viaje con la catrina, los cementerios son lugares tan incomprendidos como llenos de mitos y leyendas como la que hoy nos ocupa; hoy desde e-culturismo te presentamos “La reja del muerto”.
Hace ya muchos años, cuando el lejano siglo XVIII iba llegando a su fin, era una costumbre de los habitantes de San Gregorio Zacapechpan enterrar a sus difuntos y seresncia queridos con las pertenes más valiosas que estos habían tenido en vida, lo que propició que lo saqueadores, amantes de lo ajeno, y profanadores de tumbas aumentaran su codicia llevándolos a vaciar, por las noches, los lechos de los ya muertos con tal de obtener tales bienes.
Los pobladores, alarmados ante la situación que iba cada vez en aumento, decidieron montar guardias alternadas entre ellos para evitar que los ultrajes continuaran; sin embargo, al ser bastante hábiles los delincuentes, nunca pudieron atraparlos y se comenzó a regar la creencia de que los objetos hurtados eran poseídos por entes demoniacos y por esto desaparecían, como un tributo al señor de la oscuridad.
Un día, cuando la situación se encontraba ya en los extremos y al no haber nada más de valor que pudiera ser hurtado, una pareja de delincuentes robó unas rejas pertenecientes a la tumba de una persona que había sido noble y valerosa en vida; sin embargo, y ante la sorpresa de la población, a los tres días aparecieron los bandidos atrapados en las mismas rejas que habían robado y que, ante la falta de agua y alimentos, no les quedó de más que pedir auxilio.
A los pocos días, y en situaciones similares, fueron encontrados otros bandidos en las mismas rejas que, tras ser robadas, habían caído atrapados sin alguna explicación coherente. Según los pobladores de San Gregorio, estas rejas eran un castigo impuesto por el alma del espíritu bondadoso de la persona ya fallecida y que era a modo de escarmiento para los maleantes y dejaran el mal camino en que habían encausado sus vidas y, es por esto, que en esta población, se dice, casi no hay crimen y se vive tranquilamente.
No obstante se dice que las rejas aún se encuentran en el cementerio municipal esperando por aquel incauto que trate de romper con la armonía del poblado. Uno nunca sabe, pero podría estar a la merced de fuerzas misteriosas que, como en esta leyenda, podrían encausar nuestra vida hacia un rumbo mejor o, en el peor de los casos, condenarnos a un calvario eterno.
Por: Marlon Andrade Montalvo
Imagen: unionpuebla.com”
